
Él, con su pañuelo en el cuello, pelo despeinado con un aire de rebeldía excitante y su infaltable campera de cuero que su padre le había regalado para su cumpleaños número 17.Vos, con tu vestido recién comprado convinándolo con unos zapatos negros, un espeso rojo en tus sensuales labios y un peinado adecuado al momento.
Después de mucho mirarse, desearse, deciden avanzar, paso tras paso. Se acercan, se saludan, hablan. Hablan, hablan y hablan durante horas, pero cada vez más cerca. Llega un punto que notas que puedes oír su respiración, de todas formas no te disgusta, es más te agrada, te gusta. Te sientes atraída hacia el, no puedes evitarlo. Sera su mirada? Su andar? Sea lo que sea, es bueno. El te habla y vos te quedas pasmada con los movimientos de su boca, no lo escuchas, solo lo aprecias.En esa época todo el mundo lo tildaría de rebelde sin causa, sobre todo tus conservadores padres. Sin embargo, no puedes resistirte.
El también muestra un cierto interés, lo notas al verlo sonreír, le cuesta demostrarlo obviamente, en esos tiempos es difícil encontrar algún William Shakespeare suelto, merodeando por ahí, el hace lo que puede, y a ti te basta con eso.En una de sus particulares y exclusivas salidas, el te tomó de la mano, vos muerta de emoción gritas por dentro y se te escapa una malvada risa de placer y felicidad, que muy pocas son tan afortunadas de tener. El no lo notó, solo sonrió. Los dos muy acaramelados, la pasan bien juntos, se divierten juntos, son como diría tu abuela: "Son tal para cual ".
De cualquier forma los dos se habían dado cuenta de eso.Sin embargo, en algún momento en esta relación tendría que subirse el tono, capaz que vos no lo entendés, ni pensaste en ello, pero el si. Te acompaña a tu casa como todo caballero y al notar que no estaba el auto de tus padres.. te dice con una sonrisa pecaminosa: "Puedo entrar?" Tu no ves porque no, así que lo dejas entrar.
Lo invitas un café sin tener la mínima idea de lo que estaba por ocurrir, terminan el café. Los dos sentados en el sillón, el pone su mano en tu rodilla, miras su mano, levantas la cabeza y lo miras directo a los ojos, el baja la mirada, vuelve a subirla y te da un beso. Un beso al principio medio incomodo, que después empiezas a disfrutar, un beso interminable, de cualquier forma no querías, ni pretendías que termine.Una cosa llevo a la otra, terminan los dos en la cama de tus padres, desnudos y dormidos.
Despiertas, procurando no despertarlo, ni olvidar nunca todo lo vivido en esas horas, miras por la ventana con los ojos entre cerrados y lo ves, si al auto de tu padre, un descapotable pintado con un verde metalizado entrando por el garage.
Despiertas, procurando no despertarlo, ni olvidar nunca todo lo vivido en esas horas, miras por la ventana con los ojos entre cerrados y lo ves, si al auto de tu padre, un descapotable pintado con un verde metalizado entrando por el garage.
No hay comentarios:
Publicar un comentario